DEBATE SOBRE EL FUTURO DEL DÓLAR
[ Debate Mario Morando - Carlos Maslatón | 12/12/200 ]
¿Qué moneda sustituirá al dólar?
Por Mario Morando

Los derivados financieros ya están impactando en las empresas de la economía real que apostaron a ellos; lo hará también el inminente aumento de la tasa de interés, pues la destrucción neta de crédito aumentará su escasez, independientemente de los deseos gubernamentales, al menos durante un cierto lapso; realimentando así la presión sobre las entidades financieras. Los nuevos "agujeros negros" privados, a ser solventados con fondos públicos, deteriorarán aún más la solvencia fiscal de las grandes economías.


Si fuera el caso que la consiguiente aceleración en la creación de dinero diera vida a una inflación "licuadora" de deudas, tornando la tasa de interés real negativa, entonces enfrentaríamos un mundo inflacionario hasta licuar la crisis. Pero si los relativamente exigüos recursos públicos quedaran sepultados por montañas de deuda privada incobrable, no quedaría más salida que un estancamiento de precios al compás de una destrucción de activos crediticios que ninguna política monetaria contracíclica pudiera contrarrestar, dada su magnitud. La historia del siglo XX nos enseña que los ciclos bajista en los mercados de valores han durado en promedio unos 17 años: 1901-21, 1929-49, 1965-82.


Cuando alguno de estos panoramas se despliegue durante 2009, ¿seguirá el dólar siendo elegido como reserva de valor? La corrida de acciones y bonos privados hacia bonos estatales en dólares a la que estamos asistiendo, podría tornarse en huída hacia activos en otras monedas. Las autoridades de Taiwán acaban de prohibir a las compañías aseguradoras adquirir nuevos títulos de Ginnie Mae, despreciando las garantías del gobierno americano.


De los 10 billones de dólares de bonos (públicos y privados) y acciones estadounidenses en poder de extranjeros hacia fines de 2007, Japón, China e Inglaterra mantenían 1 billón cada uno; los paraísos fiscales, 2; 9 países centrales, 2,5; y 2,5 en países menos desarrollados. ¿Cuál de ellos podría tomar el rol de suministrador de liquidez en moneda confiable?


Nótese las cualidades necesarias para jugar tal rol: no restricciones al movimiento de capitales, sistema financiero desarrollado (amplio, transparente, con bajo costo transaccional, líquido), instituciones corporativas serias, ubicación geopolítica apta.


Los países petroleros, que tienen el dilema diario de la colocación de sus sostenidos excedentes, podrían transformarlo en oportunidad para desarrollar su propio centro financiero internacional, pero no cuentan con instituciones acordes. China, favorecida por los flujos de comercio, no dispone de un sistema jurídico susceptible de convertirla en guarida masiva de la liquidez internacional. Además ¿por qué serían sus planificadores mejores que los soviéticos?


Si descartamos la vuelta al patrón oro, sólo queda volver al multimonetarismo. El euro y el yen aumentarían su proporción en las reservas mundiales, desde sus actuales niveles de 27% y 3 %, respectivamente, en desmedro del dólar, hoy 63% de dichas reservas. Simplemente sería el fin de una anomalía de larga data, pues la participación de USA en el mercado financiero global es de sólo 30%.


Además resulta esperable la disminución de la propensión a atesorar monedas fiduciarias, dada la incertidumbre de su valor (los países ricos mantienen divisas por el 4% de su producto; los pobres, un excesivo 20%). ¿Para qué atesorar monedas inseguras?


En 1929, cuando los tipos de cambio eran fijos entre sí en términos de oro, las reservas monetarias fiduciarias eran el 40% del total de las reservas: 45% libras esterlinas y 55% dólares. El dólar había ido logrando su rol como moneda de reserva paulatinamente. Cuando en 1933 se devaluaron las monedas contra el oro, todas perdieron credibilidad, y los agentes económicos las liquidaron para readquirir el tranquilizador oro. La supremacía de las monedas de reserva nunca fue única ni estable.


Tal vez la distribución de tareas entre las diferentes áreas monetarias haya sido demasiado sencilla desde 1945, debiendo prepararnos para un escenario fragmentado. La naturaleza de los inminentes conflictos bélicos, que siempre las crisis financieras internacionales han despertado, jugará un rol decisivo a la hora de delinear esas áreas monetarias.


En desacuerdo
Por Carlos Maslatón

Estoy sorprendido porque casi que no comparto ni un párrafo de su artículo. Ni el análisis que efectúa de lo que pasó ni menos aún su predicción.

Mi visión es que, cada tanto tiempo y como resultado del apalancamiento financiero natural que se desarrolla en la economía capitalista desde que existen bancos y sistemas de crédito formalizados, sobrevienen períodos deflacionarios que son la consecuencia de que los precios no pueden continuar expandiéndose al alza al no encontrar "relevo" (o sea quien compre a cierto nivel para vender a un nivel aún mayor). Paradójicamente, los derivados financieros no son el problema, ya que éstos se autocompensan. El problema es el leverage financiero contra bienes, no los sistemas de seguros que se contratan entre partes. Los mercados de futuros y opciones nunca quiebran. Lo que unos pierden lo ganan otros, como en el casino.

Sobre el funcionamiento de este sistema piramidal de suba de precios podemos hablar cuando nos encontremos. Mientras tanto, lo que quiero anticipar es que frente a la caída de los activos que sirven como garantía de los créditos tomados, se producen liquidaciones de dichos activos para cancelar obligaciones por parte de deudores en todas partes. Caída de precios lleva a mayores ventas y a desarmes de posiciones prácticamente en cuanta cosa existe, en un procedimiento general inverso al de la etapa inflacionista anterior.

En los períodos de alza en el valor de los activos, la gente ofrece dinero y demanda bienes. En estas etapas deflacionistas, la demanda de dinero es elevadísima y la oferta de bienes impresionante. Los stocks de mercaderías pasan a ser desgracias sociales que destruyen a sus tenedores en especial si quedaron como deudores de sumas de dinero. La quiebra bancaria es la característica por excelencia de esta etapa. Desaparecen, se esfuman los patrimonios. Nadie gana en esta caída (no hay transferencia de patrimonios). La sociedad se torna objetivamente más pobre. Además, ésta no está preparada para la deflación. La cultura difundida en cualquier ahorrista es decirse qué hago con el dinero, qué compro. La gente no se dice así misma, cómo me hago de dinero vendiendo cosas que tengo y cómo mantengo el dinero para que se valorice frente a un mundo abundante en bienes. A la gente le enseñaron a cubrirse de la inflación, no puede comprender la deflación que la encuentra casi como algo antinatural.

Desde la política económica, y desde el siglo XVIII, se discute si intervenir o no para parar la deflación o al menos para frenar algunos de sus más horribles miserias como la quiebra bancaria. Los estados, en tiempos modernos, deciden normalmente que hay que hacerlo y desarrollan ingeniosos mecanismos de salvataje que terminan en emisión y/o en mayor acumulación de deuda pública. También se podrían desagiar obligaciones por vencer, pero nadie se anima a hacerlo porque ello atentaría contra el "intocable" derecho de propiedad.

Morando, en su planteo de posible desaparición del dólar norteamericano como moneda más aceptada de reserva, seguramente ha quedado mentalizado con los procesos inflacionarios que ha vivido o estudiado y donde la gente abandona la moneda de papel emitida por el gobierno. Ocurre que aquí es todo exactamente al revés: el público demanda infinitamente el papel moneda o cualquier creación bancaria artificial de dinero y ello no produce inflación porque la andanada de bienes y servicios en venta es tan grande que aplasta literalmente la "emisión" nueva de moneda o de depósitos. Si quisiera Morando un ejemplo argentino reciente de este fenómeno, que recuerde al papel moneda más basura emitido localmente como fueron los patacones y lecops que todos los agarraban y los hacían circular (al revés de los australes de Alfonsín en la híper de 1989-1990, el fenómeno monetario de signo contrario al del 2001-2002).

Es impresionante lo que ha sucedido en los últimos seis meses, pero bien en línea con lo antedicho, en el sentido de que los dos bienes que más se han valorizado en el planeta son:

1) el dólar de los EE.UU.
2) los bonos de deuda emitidos por el ultra recesivo estado federal norteamericano.

Cuando la relación euro-dólar estaba a 1,60 en junio, también se auguraba el fin del dólar. Pero ahora que está a 1,26-1,27 se dice lo mismo? Y el oro? En los meses donde la economía estaba aún a pleno, 1000 dólares la onza, ahora 755 dólares. O sea, no fue refugio de valor, tampoco la soja, las casas, los autos, nada de nada. Sólo el dólar y los bonos indicados vencieron a las acciones y a las mercaderías y propiedades inmuebles y muebles de todas partes.

Los estados, el poder político, gana extremo poder en etapas de deflación recesiva. Y lo pierde en la expansión económica. El modelo social en el crecimiento es el empresario y la cultura superflua de deportistas, modelos y hasta de drogadictos. En la recesión, el modelo es el líder político fuerte y el general de ejército victorioso. La democracia, los derechos humanos, el carísimo ecologismo y la difamación de la sagrada actividad política profesional son hechos valorados en las etapas alcistas de la economía. El empresario se rinde frente al estado en la depresión, no hace falta que dé ejemplos de estos meses. En la depresión se pueden confiscar bienes y violar los derechos humanos y la gente termina aceptando todo tipo de atrocidades, incluido el genocidio. Por algo existió el feudalismo después de Roma y por algo se instaló la monarquía absoluta en Europa después del crash del año 1720. Alguien cree que un estado victorioso frente a la destruida empresa privada fracasada por exceso de apalancamiento no puede imponer con éxito su moneda de papel? Ni se lo discuten, la gente la acepta sin plantearse más nada.

Opino que el ciclo alcista del dólar se mantendrá por cinco años al menos contra el euro, el suizo, la libra y el australiano. Sólo el yen japonés, de la economía más experta en deflación del planeta, puede competirle. Estimo que, en lo inmediato, también los depreciados activos financieros ingresarán en una etapa de recuperación de precios luego de la masacre de los últimos meses, ello sin perjuicio de que las economías reales de todo el mundo continuarán en profunda depresión.

Ello es así porque los mercados financieros son la causa de la economía real y no su consecuencia.