EL PRONÓSTICO DE BUNY
[ Julio Doello | 17/2/2009 ]
Según parece, la globalización es verdad y los argentinos deberemos compartir las pérdidas que produjeron los malos negocios en esta sociedad ecuménica de la cual formamos parte queramos o no. Pese a que los Kirchner y su primera espada, Guillermo Moreno, quieren convencernos con índices falsos de que la Argentina es un paraíso aislado al cual no lo salpicará el maremoto de la debacle mundial, lo cierto es que la malaria se instaló en el peor lugar: en el cerebro de los argentinos. De acuerdo a un artículo publicado en el diario Crítica de la Argentina, de Jorge Lanata, hasta las hetairas se quejan de los remilgos de sus clientes habituales a invertir en un poco de buen amor. Algunas de ellas han decido emplearse como mucamas o secretarias, por ingresos mucho más modestos, para poder parar la olla y capear la restricción del consumo. Es que en toda crisis hay una oportunidad de acuerdo con el remanido apotegma de los optimistas. Y quizás nuestras adorables mariposas de la noche tienen por fin la chance de abandonar la mala vida y transformarse en domésticas de cofia blanca que cambian el cotillón sexual por el plumero, o en aburridas oficinistas que matan el tedio masticando bizcochitos. Esto es lo que técnicamente se llama reconversión de un sector de la economía. Por supuesto que aquellas que tengan un colchón (económico), y resistan, aumentarán sus tarifas en el caso en que la oferta se reduzca aún más que la demanda, y pobres de los solitarios, que se verán compelidos a regatear como turcos para acceder a un servicio digno. Son las leyes del mercado. Esta habilidad para anteponerse a lo que se viene que manifiestan las chicas que fuman no halla correlato en el mundillo de los políticos y los sindicalistas de acuerdo al incremento que ha sufrido el patrimonio de los Kirchner en el último año, a las maniobras de los testaferros que pululan transpirados por las escribanías de Río Gallegos ni de sindicalistas como Pedraza, fotografiado en el Sheraton de un lugar privilegiado de Brasil, tomando sol en una reposera frente a una pileta cristalina y con un morro como fondo de pantalla. Es que la realidad les pasa un poco lejos. Es por eso que Cristina puede vestirse de florero florentino y llegar una hora tarde a la cena de honor que le ofrecieron los Reyes de España. Los datos con que cuenta dicen que a la Argentina la crisis no llegó, excluido el episodio trágico de Tartagal que la obligó a embarrarse los zapatos para la foto. Así que la opción que nos dejan a los pobres contribuyentes es creer en el INDEC o en el dato que nos da la AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas), afiliada a la CTA, quien nos ofrece índices que indican que los argentinos ya no tenemos recursos ni seguridad para invertir ni siquiera en un poco de placer momentáneo que nos libere del agobio de un mundo en el cual parece que los que se divierten son únicamente los payasos que lo gobiernan. Y, ¡ojo!, que ni siquiera mencioné a Chávez. En mi caso particular, anoche conocí a Buny. Fue módica al tiempo de facturar y me comentó que había conseguido un trabajo de promotora en una exposición. Me dejó su celular, pero me aclaró que no me aseguraba si podría asistir a una eventual cita en el futuro por sus nuevas obligaciones laborales. Hablamos un rato del país mientras fumábamos un cigarrillo y nos tomábamos un destornillador. Resultó ser una estudiante avanzada de economía que solventa sus estudios poniéndole el cuerpo a la adversidad. La escuche con atención y se mató de risa cuando anoté sus pronósticos en mi agenda. Estoy seguro de que, frente a la necesidad de tomar alguna decisión económica durante este año, revisaré esas anotaciones. Es que Buny me parece decente.