EL OSCURO NEGOCIO DE LOS MEDICAMENTOS PARTE II
[ Julio Doello | 2/10/2009 ]
Muchos laboratorios farmacéuticos suelen estimular a parte del cuerpo médico con ciertas prebendas disimuladas. Congresos en el exterior del país, becas en dinero efectivo y algunas otras ventajas de similar tenor no son más que ganzúas salariales. De ese modo se aseguran la fidelidad en las recetas de los remedios que producen. Este sistema atraviesa todas las especialidades, alcanza a algunos Jefes de Compra de instituciones importantes y a Jefes de Servicio que tienen poder de decisión en la elección de los medicamentos que adquieren los diferentes nosocomios, clínicas y sanatorios. Nunca podré olvidar el caso paradigmático de un otorrinolaringólogo que, deseoso de viajar a Suecia, recetaba un betabloqueante de uso excluyente para cardiólogos y clínicos. Temerariamente los recetaba para detener hemorragias nasales haciendo descender la presión arterial. Como no tuvo en cuenta que entre las contraindicaciones figuraba el bloqueo aurículo-ventricular de grado I y II, una paciente cardíaca quedó cristalizada en el sillón de su consultorio: murió mientras las sangre ya no manaba de su nariz. Pero él estaba dispuesto a sumar todos los protocolos médicos que pudiera con tal de posar sus pies en la misteriosa Escandinavia merced a los pasajes y estadía que el laboratorio productor le proporcionaría como premio. ¡Una lástima que no existiera el Premio Nobel de corrupción! En el caso particular de los medicamentos oncológicos, el sistema es un poco más burdo pero no menos efectivo. La mayoría de los laboratorios multinacionales son severamente fiscalizados en sus sedes locales y sus casas matrices de Europa y Estados Unidos, que son respetuosas de sus legislaciones de origen. Claro que, como la única manera de poder participar con ciertas posibilidades de éxito, en un mercado sucio como el de la Argentina, es asociarse a algún laboratorio nacional, muchos de ellos han adoptado esta tangente. Así, por ejemplo, GOBBI NOVAG, un laboratorio dirigido por los hijos de un célebre ministro de Perón y gran racinguista, el Doctor Ramón Cereijo, gozó durante muchos años, a través de un sistema de licenciamiento, de la comercialización del medicamento Androcur, un específico de Laboratorios Schering para el cáncer de próstata. Muchos laboratorios enviaron escuadrones de visitadores médicos de élite a detectar médicos dispuestos a recibir prebendas a cambio de su poder recetario. El sistema era simplísimo. El oncólogo guardaba las cajitas de los productos que había prescripto, lo entregaba al enviado del laboratorio, éste las contabilizaba y, por cada una de ellas, el médico prescriptor recibía un porcentaje de su precio de venta. Las sumas recibidas por algunos urólogos-oncólogos superaban en varias cifras los ingresos declarados. Por supuesto que todo esto estaba disfrazado bajo el nombre ambiguo de “Beca” o “Protocolo de Investigación”. Debo dejar claro, sin embargo, que los visitadores médicos, han sido utilizados en estas maniobras siempre como “comandos”, que sólo podían asegurar su fuente de trabajo mostrando la máxima agresividad posible en la conquista de nuevos prescriptores y porciones de mercado, so pena, en caso de fracaso, de recibir un telegrama de despido, generalmente en Navidad, para que su receptor entendiera que se trataba de una sanción ejemplificadora. Todavía recuerdo a un célebre CEO ítaloamericano de una multinacional, sospechada de ser dirigida por la mafia, que en las convenciones que se realizaban para adoctrinar a los agentes de propaganda médica, trataba de convencerlos de que la única manera de copar el mercado para asegurar el éxito de las ventas era comportarse como la marabunta, esa mitológica hormiga africana que devora todo a su paso. El espectáculo terminaba con una exhortación a los visitadores médicos para que repitieran con él la consigna de guerra: ¡Marabunta… marabunta…! Todos se prendían, algunos divertidos, otros convencidos y otros entraban en estado de éxtasis, y el mantra terminaba convirtiéndose en un atronador “banzai” gritado por frenéticos kamikases. Al otro día los médicos recibían las visitas de estos enviados que, con voracidad, les dirigían el puño para que prescribieran el medicamento que promovían. Estas historias vienen a cuento para revisar las causas que han permitido que este caballero de apellido Lorenzo, junto a dos o tres droguerías, haya podido llevar a cabo la catástrofe ética de falsificar medicamentos o proveer drogas vencidas para pacientes que estaban luchando por su sobrevivencia. Ninguna de estas maniobras pudo ser ignorada por la industria farmacéutica, quien cuenta con sistemas de control que permiten saber “on line” la cantidad de productos consumidos, quién es el médico prescriptor y contabilizar los lotes de fabricación con su fecha de vencimiento agotada. En tal caso, el deber de estas empresas es retirar inmediatamente estos productos del mercado. En el tercer capítulo de esta serie, agregaremos algunos datos y haremos nuestras conclusiones.