VÍCTOR HUGO Y EL COLABORACIONISMO
[ Marcelo Gioffré | 31/3/2010 ]
Hay una lógica y una ciencia de la opresión y una lógica y una ciencia de la resistencia. Bernard-Henri Lévy, en su monumental biografía de Sartre, nos recuerda que muchos advirtieron a tiempo que Stalin era un monstruo y que no debía dársele ni un mínimo de crédito, ni tranco de pollo, mientras Sartre seguía alegremente apoyándolo. Víctor Serge, bolchevique precoz, en 1929 descubrió los mecanismos del terror rojo y dijo: “¡He visto caer la noche en Moscú! Y la magnífica esperanza de mi juventud sólo es una mentira de una banda de arribistas cínicos y corruptos”. Boris Souvarine, redactor jefe de L’Humanité, que en 1929 había dicho que Serge hablaba así porque era de derechas (¿les suena?), seis años después reconoció que Serge había entendido antes que los otros la ferocidad extrema de la URSS. André Bretón en 1935 dijo: “No me sentiría con derecho a protestar contra la GESTAPO si olvidara la policía soviética. En Alemania hay campos de concentración y en Rusia está Siberia…” André Gide, en 1936, después de volver de la URSS declaró que no había país en ese entonces, salvo Alemania, en donde se avasallara más el espíritu que en la URSS. George Orwell dijo que no había leninismo bueno. Igualmente Merlau-Ponty, Koestler o Jaspers, genuinos antifascistas que se declaran contra la opresión soviética. El propio Albert Camús gritó horrorizado ante la realidad de los campos de concentración rojos. Pero Sartre no lo veía. Sartre seguía apoyando a Stalin y lo hacía con autenticidad y valentía. Lo hacía contra el fascismo. Recién a fines de los 70 y a regañadientes admitió su error. Se trataba del hecho de que había un enemigo claro a derrotar (Hitler y el fascismo) y en tales condiciones era lícito ser amigo de Stalin en la medida en que éste era enemigo de Hitler. Víctor Hugo Morales es un hombre íntegro, no ha recibido dinero del kirchnerismo para salir en su abrupta e insólita defensa. Simplemente está equivocado. Él cree, como Sartre, que el enemigo a vencer es Clarín y que si Kirchner es enemigo de Clarín se puede ser amigo de Kirchner, sin advertir que al kirchnerismo no se le puede dar ni un milímetro de la mano porque enseguida se agarra el codo. Es muy probable que Ernesto Tenembaun o Luis Majul, como aquellos viejos bolcheviques arrepentidos ya en 1929 ó 1935, recién se estén dando cuenta ahora del peligro que entraña el kirchnerismo y sus ademanes autoritarios. Es probable que hayan estado encandilados, como tanta otra gente honesta, por los gestos (¡ojo!, sólo gestos) a favor de los derechos humanos. Es probable también que ahora hayan dado el giro por dinero, por trabajar en Clarín, por ver que el kirchnerismo ya se cae o incluso porque no son personas de una pieza. Víctor Hugo Morales no sólo no recibe dinero sino que pierde dinero por haber adoptado esta actitud, dado que muchos anunciantes huyen de su lado y el propio medio donde trabaja lo mira con recelo. En una palabra, es probable que los que tienen razón sean peores personas que quien está equivocado. Pero lo que importa es que está equivocado, no que es una buena persona. Sartre, desde su autenticidad, contribuyó a más años de opresión comunista. ¿Cómo no advierte Víctor Hugo que si una figura tan popular como él le brinda gratis el apoyo a este régimen antirepublicano está apuntalando el camino hacia la noche más ominosa de los argentinos? Él alega que durante años luchó contra Clarín y que Clarín es el verdadero monstruo. ¿Cómo no advierte que también luchó contra Julio Grondona y ahora Grondona está contra Clarín y con el kirchnerismo? El aduce que cuando tuvo que castigar al kirchnerismo, como en la crisis del campo, lo hizo, y que lo de ahora es una muestra de imparcialidad. ¿Cómo no se da cuenta de que el kirchnerismo viene en paquete y que no hay matices, ni buenas intenciones, que por donde se le permite abrir una brecha pequeña hace entrar un ejército de elefantes? ¿Cómo puede ser tan ingenuo? Mucha gente, presa de los mismos prejuicios populistas e izquierdosos de Víctor Hugo ha logrado zafarse, ¿cómo no lo logra él, que es inteligente? ¿A qué se debe esta inesperada falta de lucidez? Víctor Hugo no es un antidemócrata, ni un cabrón, pero su equivocación podría aparejar más años de atraso para la Argentina, más miseria, más autoritarismo, más satrapía, más corrupción, que las palabras que nadie escucha de esbirros remunerados como Sandra Russo, Orlando Barone u Horacio Verbitsky. ¿Quién es peor, entonces? Así como Simone de Beauvoir en sus Memorias explica que la experiencia de prisionero de Sartre lo marcó profundamente, también podría decirse que la experiencia de contradictor de Clarín a Víctor Hugo lo marcó a fuego. Pero así como por no estar con Hitler no se podía estar con Stalin, por estar contra Clarín no se puede estar con Kirchner. El problema es que el error, aun cuando parte de la autenticidad, suele traer perjuicios tan graves que finalmente se torna un problema moral. En una palabra: se puede ser profundamente inmoral partiendo de la idea de querer ser moral. Se puede perjudicar mucho queriendo hacer el bien. Esperemos que, cuando Víctor Hugo se dé cuenta, como Sartre a fines de los 70, no sea demasiado tarde.