REGRESO CON GLORIA
[ Marcelo Gioffré | 28/4/2010 ]


En 2002, cuando todo temblaba bajo nuestros pies, decidí tener una actitud más comprometida con mi tiempo y mi lugar. Por ello, inicié una serie de artículos en los diarios La Nación y Bae que indagaban acerca de nuestra íntima condición de argentinos. Como una cosa lleva a la otra, fui tentado para hacer una programa en FM La Isla, 89.9. En 2003, cuando el programa comenzó, Eduardo Duhalde ungía como candidato a Néstor Kirchner.

Desde el principio alerté sobre los desvíos autoritarios que fui detectando en el camino. Aun situaciones aparentemente positivas, tal el caso del cambio de los miembros de la Corte Suprema menemista, encubrían una modalidad claramente destructiva de lo institucional. Como el huevo de la serpiente, se insinuaba ya la presencia del veneno despótico. No importa que Moliné O’Connor, Nazareno o Vázquez fueran más o menos estudiosos o interesantes, lo que debía mirarse era la forma en que se los atropellaba. Nadie decía nada entonces, porque vivíamos en medio de un gran jolgorio antimenemista y cualquier medida que demoliera los últimos rescoldos noventistas era bienvenida, sin advertir que podía entrañar un retroceso en materia republicana.

Así fue que durante siete años continuos ejercí con rigurosidad y sin cortapisas la crítica, los primeros dos en FM La Isla, los últimos cinco en FM Identidad. Durante los primeros años en soledad, durante los últimos formando parte de un coro. Fuimos vanguardistas en las advertencias. Hasta el diario Clarín, que otrora miraba para otro lado ante los desvíos autoritarios (mientras el gobierno no investigaba nada sobre los hijos adoptivos de Herrera) pasó de ser un amigo íntimo a ser un enemigo público.

El año pasado, y por motivos que ya no vienen al caso (no conviene condecorar a los torpes con limosnas de odio), se produjo el levantamiento abrupto del programa El Ágora en FM Identidad. En ese momento fueron innumerables los llamados, mails y comunicados de apoyo, provenientes de oyentes pero también de compañeros de ruta, periodistas e intelectuales que habían vivido la tensión de estar en nuestra ágora abierta y plural, donde todas las opiniones gozan a priori de una presunción de validez. Allí se presentaron libros que luego tuvieron un gran éxito, allí se alertó a cada paso sobre los peligros que se agazapaban detrás de cada operación política. El público no podía entender el levantamiento y, en medio de la perplejidad, usaba la palabra tristeza para aludir a la brusca, arbitraria e inesperada salida del aire del programa.

Volvemos a FM La Isla. Mediaron ocho meses de silencio, un hiato suficiente para rumiar en soledad y hacernos las preguntas cruciales que nos ayuden a reiniciar el derrotero. Y volvemos con la convicción de que, así como en 2003 era menester denunciar los desvíos autoritarios, cuando ni siquiera se sospechaba lo que vendría, hoy enfrentamos otros desafíos.

Ante la pérdida de confianza que experimenta el pueblo respecto del kirchnerismo, toma cuerpo una dinámica de violencia creciente. Por un lado, hacia las ideas opositoras, que se manifiesta en las marchas contra la Corte Suprema, en la que Bonafini acusó de decrépitos a los miembros, y la otra en que se denostó a periodistas con pancartas obscenas, a los escarches en la Feria del Libro contra Hilda Molina o el ensayo periodístico INDEK, de Gustavo Noriega, pasando desde luego por los ataques a Cobos y la prevista marcha contra él y siguiendo por las diarias amenazas de D’Elía y las continuas diatribas del locuaz Aníbal Fernández. Ante la pérdida del voto, la violencia. Y por otro lado el intento adocenado de hegemonizar los medios para luego homogeneizar la opinión y por ende el voto. Ante la pérdida del voto, el intento de formatear los cerebros desde los medios. Nos espera el intento de que la impudicia siniestra de 6,7,8 –superior diría yo a la sufrida durante Malvinas- predomine hasta la exacerbación, como un neoplasma maligno, como una metástasis pestilente.

Viviremos, de aquí a fin de año, una etapa en la que de un lado el gobierno intensificará sus prácticas deletéreas, la agudización de las contradicciones y los intentos de cooptar y engañar al adversario, mientras que las oposiciones peronista y no peronista tratarán de delinear –con la ingenuidad que las caracteriza- sus fronteras, para hacer frente al kirchnerismo de cara a las elecciones de 2011. Viviremos quizás los ocho meses más decisivos de la década, en ellos se jugará parte de nuestro futuro.

En este contexto vuelvo a la radio y vuelvo con gloria a FM La Isla, 89.9, los sábados como siempre, a las 12 hs., y ahora también los martes, a las 21 hs., como una suerte de bonus track de entre semana. Como un cruzado posmoderno, sintiendo la responsabilidad de ocupar un puesto de lucha, después de haber atravesado un desierto de duros años K, vuelvo con el propósito de ser útil en un año crucial, en que no serlo puede ser fatal.

A fin de año, cuando termine nuestro octavo ciclo anual en radio, ya muchas cosas estarán jugadas. Sé que no seré decisivo en la delimitación del nuevo mapa político, pero puedo incidir, puedo aportar algún granito de arena, aunque más no sea. Y ese aporte modesto vale la pena, no quiero perdérmelo. Es mi venganza contra los que trafican y ensucian nuestra patria. Es mi auto-desagravio contra los imbéciles. El monstruo sigue ahí, impertérrito; nuestra utopía ya no es que deje de ser un monstruo: los monstruos son inelásticos por definición, nosotros sí ya dejamos atrás el candor. Los invito a que juntos burilemos el porvenir, con serena furia.