ABRAMOVIC EN EL MoMA
[ Marcelo Gioffré | 16/6/2010 ]

Un episodio que muestra la huella digital de la artista yugoslava Marina Abramovic, cuya retrospectiva presenta el MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York, sucedió en 1988, cuando produjo junto a quien era su pareja, Ulay Laysiepen, la obra The Great Wall Walk (La Gran Caminata de la Muralla). La performance se inició el 30 de marzo; ella, en el punto más oriental de la Muralla china, en Shan Hai Guan, en el Mar Amarillo, caminando en dirección al oeste, Ulay, en el extremo más occidental, en Jia Yu Guan, en el desierto de Gobi, en dirección al este. Debían caminar hasta que se encontraran en algún punto. Así lo hicieron durante noventa días y se encontraron en Er Lang Shan. Sin embargo, un hecho trastocó todo: mientras aún caminaba en busca del punto fortuito de encuentro, Marina recibió un pequeño mensaje que indicaba que Ulay se había detenido durante tres días a esperarla en un paisaje que le había parecido muy fotogénico, en medio de dos monasterios. Tan inmoral le pareció a Marina esta actitud de Ulay que decidió poner fin a una relación amorosa de doce años.

¿Fue la idea de traición lo que enfureció a Marina? Más que eso, quizás, fue el hecho de que Ulay introducía algo que para ella es inaceptable: lo estético. En la cosmovisión de Abramovic, el arte debe cuestionar, predecir el futuro y formular preguntas; da lo mismo que sea o no hermoso. Ni siquiera lo decisivo es el resultado, sino el proceso creativo. Una de sus primeras performances, realizada en 1975 en Copenhague y reproducida en video en el MoMA, apunta en esa dirección. En ella Abramovic está desnuda y se cepilla el pelo con un cepillo de metal en la mano derecha y a la vez se peina con un peine que tiene en la mano izquierda, mientras obsesivamente repite "Art must be beautiful, artist must be beautiful" (el arte debe ser bello, el artista debe ser bello), hasta que hiere su cara y daña su pelo.

Pero los ejes que trazan las dos líneas capitales de la obra de Abramovic son bucear en el alma humana al interpelar al espectador y exigirle un rol activo, una integración con la obra, e inmiscuirse en los pliegues dramáticos de la historia de su país. En cuanto al primer punto, mencionaré Artist is present (El artista está presente), performance que tiene lugar en el Atrium del MoMA. Al abrir el museo, Marina se sienta a una mesa que tiene otra silla vacía, la cual en algún momento es ocupada por un miembro del público. Ese acto disuelve la distancia entre artista y espectador. El diálogo puede o no surgir. Y ese héroe nietzschiano que toma a su cargo la responsabilidad de restablecer la unidad artista-espectador dejará su lugar a otro y ese nuevo a otro, mientras la performer, Abramovic, permanece allí durante las horas en que el museo está abierto.

Imponderabilia milita también en ese primer grupo. Dos performers de distinto sexo, totalmente desnudos, están enfrentados y dejan un resquicio por el que puede pasar una persona. Cada espectador, al cruzar por allí, debe elegir qué cara mirar y qué actitud adoptar frente a la situación. Y otra obra en la que Marina lleva el arte a una encrucijada de vida o muerte es Rhythm 0 (Ritmo 0). Realizada originalmente en Nápoles en 1974, consiste en una serie de objetos colocados sobre una mesa, que el público puede usar libremente sobre el cuerpo de la artista que está allí presente. El problema es que mezclados con miel o pan, con los que podrían alimentarla, hay también una tijera y una pistola, con los que podrían incluso matarla.

En torno a su preocupación por Yugoslavia, mencionaré primeramente Relation in Time (Relación en el tiempo), performance en la cual dos personas sentadas espalda con espalda están atadas por su pelo, inmóviles. ¿Hasta qué punto esta obra no representa ese país unido artificialmente por el Mariscal Tito, dentro del cual convivían forzadamente varias naciones? Pero quizás la más emblemática de las obras políticas de Abramovic es la instalación Balkan Barroque (Barroco de los Balcanes), en la cual hay dos videos con entrevistas que le hizo a su padre (un guerrillero montenegrino) y a su madre (que ayudaba a los heridos), un tercer video en el cual ella misma explica cómo matan ratas en los Balcanes y tres tinajas con agua sucia. Y se complementa, en el centro del espacio, con una actuación consistente en lavar 1.500 huesos llenos de sangre mientras canta canciones folklóricas infantiles típicas de su tierra. En medio de la guerra, Abramovic expresó así el barroquismo balcánico, mezcla de ternura y violencia, de heroísmo y ridiculez.