¿CHAU DEMOCRACIA?
[ Marcelo Gioffré | 29/9/2010 ]
Durante los partidos de fútbol del último fin de semana, cada diez minutos, aparecía un sobreimpreso acompañado por una voz que convocaba a una marcha frente al Palacio de Tribunales. La firma de ese comunicado repetido, insistente, unánime, insoportable, correspondía a una borrosa organización que, a nadie escapa, no es ni más ni menos que un brazo del kirchnerismo. Esa “propaganda para todos” que debía ser pasada incluso por canales distintos del 7, que tomaban la transmisión del fútbol, incitaba a presionar al Poder Judicial mediante una marcha. La razón aparente es que el gobierno barrunta que la Corte Suprema declarará inconstitucional la cláusula de la Ley de Medios que obliga a vender medios en forma compulsiva y pretende una masiva manifestación para torcer el rumbo de la decisión judicial. En días recientes, ante los casos del Procurador Sosa y del ex guerrillero Apablaza (en ambos la Corte falló en contra de los intereses del kirchnerismo) se ha escuchado a Aníbal Fernández criticar a los miembros de la Corte en términos francamente descomedidos, llegando incluso a calificaciones tales como golpistas. Y en cuanto algunos miembros de la Corte denunciaron un recorte de su presupuesto el mismo Fernández, por Twitter, los llamó mentirosos. Ni bien se supo que jueces de Mendoza decretaron una medida cautelar, que frenaba la puesta en marcha de la Ley de Medios, desde el gobierno se dijo que era la dictadura judicial, que ponían trabas y que eran jueces comprados por el mal llamado monopolio. Es más, esos jueces fueron investigados y se los llegó a vincular al Proceso Militar. Tan pronto como otro juez decretó la continuidad de la prestación de Fibertel, también desde el gobierno fue calificado de corrupto y vendido al monopolio. Cuando otro magistrado frenó el cambio de la grilla de canales que el gobierno pretendía también de inmediato fue tildado en los peores términos. En el verano, la jueza Sarmiento, que frenó la incautación de las reservas del Banco Central y el desplazamiento de su Presidente, Redrado, no sólo recibió injurias de todo tipo de parte del gobierno sino que hasta su familia fue objeto de persecuciones. En ese mismo caso, otros jueces también fueron acusados por dictar medidas en contra del gobierno y hasta se sacaron a relucir sus historias familiares. En ese caso, el kirchnerismo inició una batería de apelaciones y resoluciones, una detrás de la otra, tendientes a quitar valor a las medidas judiciales, hasta que logró su objetivo de arrebatar los fondos. Hoy día se escucha a funcionarios como el Secretario de Medios decir que los jueces están empeñados en entorpecer el desempeño del Estado, como si no fueran los custodios de la legalidad y, en cambio, debieran ser complacientes con cualquier atropello por parte del Estado. Ni bien el ex Fiscal Strassera, que juzgó a las Juntas Militares y pronunció la célebre frase Nunca Más, se pronunció en contra de algunos modales del gobierno también fue objeto de un linchamiento oral, vinculándoselo (¡cuándo no!) con el Proceso. En momentos en que no uno sino muchos jueces empiezan a reaccionar y a poner freno a las arbitrariedades que se cometen desde el Poder Ejecutivo, éste organiza una marcha para presionar al Poder Judicial, usando –cínicamente- una presunta ONG independiente y la pantalla del Fútbol para todos, y comienza una campaña mediática con la cantinela de que los jueces responden al monopolio Clarín, cuando en realidad es al revés: los jueces dictan medidas a favor de empresas del grupo Clarín porque el kirchnerismo ha desatado una cantidad de medidas arteras y arbitrarias, todas contra Clarín, en un clarísimo ensañamiento, que requieren el condigno freno de la jurisdicción. El epítome de toda esta escalada de agresiones llegó en boca de Carlos Zannini, cuando muy suelto de cuerpo dijo en Santa Cruz que ellos no habían puesto a estos miembros de la Corte para esto, sino para otra cosa. Queda claro: el propósito no era que hicieran cumplir la ley, sino que atropellaran adversarios, aunque para ello tuvieran que hacer una interpretación torcida de la ley. Queda claro: los querían para que les homologaran los atropellos. Queda claro: querían jueces adictos y no independientes. Si el gobierno emprendía una cruzada contra Clarín, la Corte no podía sino acompañarlo, aunque para ello debiera inmolar el sentido de legalidad. Y el punto culminante de este vértigo de bravatas llegó ayer noche, cuando la inefable Hebe de Bonafini, orando en la marcha, cuyos conmilitones no eran más que asalariados de piqueteros e intendentes arreados en micros escolares naranjas, llamó a tomar los Tribunales y a arrancarle las resoluciones favorables a los jueces, incurriendo así en el delito previsto en el art. 226 bis del Código Penal. Siento que el Poder Judicial, con todos sus defectos, con jueces corruptos, con lentitud, con sus Oyarbides, con bajezas, es, así y todo, el mejor de los tres poderes. Lo probó cuando en 2002, habiéndose triplicado súbitamente su trabajo con los miles de amparos por el corralito logró sobrevivir a ese aluvión de causas y las resolvió satisfactoriamente. Lo prueba ahora, con cierta actitud de dignidad. Siento que es el último bastión. Siento que resiste en medio de la ferocidad desatada por la desesperación kirchnerista. Si se llevan puesta a la Corte, todo lo demás cae solo. Pero siento también que ellos resisten porque sospechan que se avecina el final del ciclo, el cambio del paradigma. Resisten por el olor funerario que despide la pareja sureña. En cambio, si hubiera Kirchner en 2011 hay que despedirse de toda resistencia y, por ende, de la democracia.