La máscara de Cristina
[ Marcelo Gioffré | 25/01/201 ]
Daniel Scioli ha dicho recientemente que Cristina Kirchner resulta una muy buena candidata para postularse a la reelección en 2011. Esa afirmación, por haber sido la primera después de una serie de opiniones dubitativas, fue muy interesante. Sin embargo, a los pocos días volvió a mostrar una diferencia de criterio en uno de los temas cruciales desde el punto de vista electoral: la política de seguridad. A la vez, en una de las principales encrucijadas de Valeria del Mar hay una gigantografía que dice: “Scioli, presente y futuro”. ¿A qué futuro alude? Difícilmente hablaría de futuro para referirse meramente a su reelección como gobernador provincial. Más bien parece apuntar, con la astuta ambigüedad que lo caracteriza, a una especie de “up grade” en su carrera política. ¿Y de qué ascenso podría hablarse en quien es actualmente gobernador de la provincia más importante del país y ya fue vicepresidente de la Nación más que en la presidencia?

Pero surge entonces la pregunta de por qué Scioli no se postula directamente. Durante los meses posteriores a la Revolución de Mayo se hablaba de la máscara de Fernando VII para aludir al hecho de que, mientras el rey estuviera preso, o en todo caso mientras durara la invasión francesa a España, se establecía una junta de gobierno (igual que en las regiones españolas) pero no independentista sino en representación del rey depuesto. Es decir que la junta patria no era en rigor patria sino un vicario putativo, un comedido, una suerte de gestor de negocios de Fernando. Sin embargo, si la junta era meramente en nombre del rey español, ¿por qué llamarla máscara? La máscara en realidad es algo que esconde, encubre algo que hay detrás, es decir que se usaba a Fernando como carnada, como señuelo, pero la verdadera intención no era ejercer el poder en su nombre. La máscara venía a ser, así, una especie de escalón, de estación de espera entre la colonia y la independencia. No se animaban a hacer la revolución completa, pero en muchos de los integrantes de la Primera Junta fermentaba ya la idea independentista, de modo tal que, como un modo de ampliar el consenso con los miembros más timoratos o conservadores se urdió este híbrido político.

En la historia reciente del peronismo también ha habido casos de máscaras. Entre 1976 y 1982 Isabel Perón fue Presidenta del Partido Justicialista y, como portadora del apellido, mantenía su influencia, aun cuando no abría la boca. Nadie se animaba a postularse y sólo lo hicieron Lúder y Bittel cuando advirtieron que los tiempos electorales se acortaban y la señora seguía en Madrid sin expedirse en absoluto.

Quizás la postura de Daniel Scioli sea la de la máscara de Cristina. Si los miembros más revolucionarios de la junta proclamaban directamente ese propósito nada hubiera sido posible, era necesario el escalón, la gradación. El cartel que dice “Scioli, presente y futuro” pretende respetar la máscara de Cristina, pero en rigor es un escalón intermedio entre la reelección a gobernador y la postulación a presidente. Ansiosamente, calladamente todos los peronistas (aunque no los progresistas, entristas y neomontoneros que anidan en el actual gobierno) aguardan ese momento en que Cristina dé el paso al costado y Scioli les asegure no sólo la continuidad por ocho años sino además la reunificación.