REIVINDICACIÓN DE LA MEMORIA
[ Ricardo Matossian | 11/6/2011 ]
La memoria está desprestigiada. Los jóvenes creen haber accedido a un estadio superior: ya no estudian “de memoria”. ¿Qué es la memoria? Krisnamurthi dice que la mente es la memoria. La mente es un archivo en el que se conservan datos, es decir, que la mente es la memoria. Mientras que la inteligencia es la habilidad para relacionar esos datos entre sí. Pero si los datos no están, la inteligencia no tiene el material necesario para establecer esas relaciones. Hace 30 ó 40 años los chicos estudiaban en las escuelas una cierta cantidad de poemas de memoria. Hoy la práctica se ha abandonado ¿Se trataba de un trabajo inútil? Los jóvenes creen que sí, porque al fin la información está en Internet y puede “bajarse” con una simple operación en lo que hoy denominamos “tiempo real”. ¿Para qué recordar entonces lo que está tan accesible? En la época de las computadoras, que no tiene más que tres o cuatro décadas, la memoria se está perdiendo. Para ser justos, viene disminuyendo desde hace varios siglos. El sabio francés Ernst Renan decía que la potencia de la memoria se encontraba en razón inversa a la costumbre que los pueblos tenían de escribir. Lo que se escribe, decía, deja en principio de recordarse (aun cuando los jóvenes piensen lo contrario). En la antigüedad, los juglares y rapsodas conocían larguísimos textos de memoria con los que deleitaban y enseñaban. La memoria era la forma en que esos largos poemas pasaban de una generación a otra. Se sabe que Shakespeare, por ejemplo, era extraordinariamente memorioso. Se dice que había tomado cursos en Florencia con uno de los primeros teóricos de la memoria, Giordano Bruno, quemado por la inquisición en Roma en los primeros años del siglo XVI. La enseñanza de los idiomas se hacía aprendiendo de memoria palabras y expresiones. Schopenhauer dice que a la memoria hay que atormentarla para que cumpla sus funciones. ¿Pero vale la pena sufrir para recordar? Los ingleses, para decir que saben algo de memoria, dicen “I know it by heart”. Literalmente significaría “lo tengo en el corazón”. Cuando se aprende algo de memoria, muy especialmente en la niñez, eso que se aprende “queda adentro”, como guardado, y suele ser rescatado cuando se necesita o cuando la ocasión es propicia. Los poemas están escritos con sílabas contadas y con rimas. Una cierta música favorece así el recuerdo. La Biblia misma está escrita en “versículos” con el mismo objeto. Los salmos fueron en principio cantados, también para favorecer el recuerdo. Lo que se tiene en el corazón, como metáfora del núcleo de un individuo, ya no se pierde. Queda en la memoria, dispuesto a aparecer, ya sea voluntaria o involuntariamente, cuando se lo necesita. De ahí la sentencia del Cartero de Neruda, en la versión de Skarmeta: “los versos son del que los precisa”. El recuerdo de expresiones armoniosas y perfectas enriquece el habla y la escritura y aumenta el vocabulario. Recordar de memoria es un ejercicio dirigido a poblar la mente de datos útiles y de expresiones armoniosas y elegantes. El nominalismo, por ejemplo, está expresado en dos versos de un poema de Borges que nos permiten saber en qué consiste: “En el nombre de la rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”. La memoria es cultura. Vale la pena atormentar la memoria para enriquecer nuestra existencia.