PRAGMATISMOS
[ Julio Doello | 19/6/2011 ]
Por debajo del manto de cenizas volcánicas, que inunda el cielo de la Argentina y destruye la economía del sur, existe otra niebla destructiva que emerge desde los subsuelos de la realidad. El escándalo Socklender, el triste papel de Hebe con su pañuelo frigio desanudado y revolcado en el miasma de la corrupción, su andar endeble por las escalinatas de tribunales, no para cumplir con su hábito sacramental de denunciar genocidas, sino para dar explicaciones sobre cuentas, latrocinios y asociaciones ilícitas que rapiñaron los intereses de los “grasitas”, constituye un magnicidio de la fe popular de difícil expiación. Nosotros, los peronistas, hemos sido culpables de desatinos memorables. Bastaría con nombrar a López Rega, o recordar nuestro apoyo pusilánime a la traición ideológica de Menem, para tener que arrodillarnos y pedir perdón. Pero no todo quedó allí. La mayoría de los muertos y desaparecidos de la década del setenta tenían una reconocida filiación peronista sin que resulte significativo detallar los bandos variopintos a los que pertenecían. A partir de la tragedia fue que se crearon los organismos de derechos humanos entre los cuales las madres de Plaza de Mayo, por una resistencia que cobró vidas como la de Azucena Villaflor en la búsqueda de hijos que “no tenían entidad” según las palabras del pope de los asesinos, fueron construyendo un templo imaginario y se transformaron en una suerte de vestales ante las cuales nos inclinábamos. Hasta el más desprevenido de los ciudadanos se conmovió por esas rondas interminables alrededor de la pirámide, de mujeres desesperadas que sólo pedían un retazo de sombra bajo un álamo y una tumba certera que les permitiera honrar a sus hijos muertos. Deberían haber permanecido allí, con sus rostros surcados por el dolor y los años, en un topos uranos patrio, para recordarnos para siempre la magnitud de la barbarie que no debemos permitir que se repita. Pero así como Menem no vaciló en nombre del pragmatismo en rendir homenaje al Almirante Rojas, un célebre asesino de trabajadores, con tal de fortalecerse en el poder, Kirchner no dudó en poner en boca de Hebe de Bonafini la manzana de la tentación, metiéndola en negocios ajenos a la búsqueda inclaudicable de muertos insepultos y de castigo a lo genocidas que constituían su imperativo kantiano, con el objetivo de fortalecerse como líder de una izquierda setentista difusa, anatemizada por el mismo General Perón. Por allí se colaron los Shocklender. Por ese hueco palpitante de dolor y de odio que es el corazón de la matrona vociferante de La Plata, prometiéndole construir casas baratas para los pobres como un modo de mantener vivos los sueños de sus hijos. Es que Menem y Kirchner se creyeron herederos del pragmatismo de Perón y ensayaron cada uno métodos de seducción frente a viejas copetudas y conservadoras y jovencitas díscolas y revolucionarias y consiguieron enamorar a las dos en diferentes épocas, porque en el fondo ambas odiaban al aluvión zoológico pero soñaban con acostarse con él. Para beneplácito de Moyano, todas fantasean con ser poseídas por un camionero viril y desenfadado que las transporte al éxtasis. El pragmatismo de Perón estaba sustentado en un intelecto potente y un alma refinada. De allí que en el 55 resolvió partir en la cañonera para no bañar de sangre la República en una guerra civil de la cual quizás podría haber emergido victorioso en campo yermo, y volvió llamado por su pueblo casi en espíritu, para proponer la unión con su antiguo adversario Ricardo Balbín y gestar una patria unificada tras objetivos trascendentes. Pese a lo que digan quienes lo denigran, Perón no era capaz de cualquier cosa como si lo fueron los demás. Quienes lo sucedieron en su nombre sintieron que podían ser como él, cuando no contaban con una mínima estatura intelectual y ética que les permitiera siquiera llegar a los talones del viejo General y solo se copiaron su “viveza”. Viveza es astucia y la astucia es la gemela prostituta de la inteligencia, útil para la coyuntura, pero sin esa vocación de redención de la condición humana que supone la inteligencia del estadista. El bastón de mariscal no descansó en la mochila de ninguno de ellos. Sé que el kirchnerismo es un fenómeno momentáneo como lo fue el menemismo, y que la historia de verdad, no la ficcional, pondrá a cada uno en su lugar, pero me duele que hoy cierto fascismo cerril esté afilando sus dientes enancado en el traspié inconmensurable de Hebe de Bonafini.