APOGEO DEL RELATIVISMO IDEOLÓGICO
[ Julio Doello | 11/10/200 ]
“¡Viva la Traición! Sofocante o sorprendente disimulada o confesa, brutal o negociada, esta antigua amante de los políticos se muestra hoy en toda su deslumbrante desnudez.” ELOGIO DE LA TRAICIÓN Denis Jeambar eyYves Roucote Gedisa 1999 En su célebre nota previa a su suicidio, Alem dejó escrito: “Que se rompa, pero que no se doble.” Con esta frase pretendió detener el tiempo y oponerse a los espasmos de sus correligionarios y a la veleidad de la historia. Sin embargo, el método democrático que hemos abrazado exige la adaptación constante de la política a la voluble preferencia popular. En esta escenografía posmoderna, en la cual se impone la satisfacción inmediata, los principios ideológicos rígidos sólo pueden provocar grietas entre los deseos del mudable inconciente colectivo y la sacralización de los valores absolutos. Bien lo saben los acólitos de Leandro Alem y de Hipólito Irigoyen, que en la Argentina de hoy se dividen en diferentes grupos. Así, de un lado tenemos a los que se tomaron en serio el Tercer Movimiento Histórico de Alfonsín y la transversalidad de Kirchner y acompañan a la Sra. de Kirchner en su intento por hacerse con un poder que le sonríe. En otro extremo, a Margarita Stolbitzer candidata a gobernadora de la Provincia de Buenos Aires por Lilita Carrió, otra radical cismática devenida primero en Jefa del ARI y ahora no se sabe muy bien en qué cosa. Más allá, al hijo dilecto del hombre que saludaba con las manos entrelazadas, Ricardo Alfonsín, que acompaña la fórmula del ex ministro de economía de Duhalde y de Kirchner, Roberto Lavagna. A barlovento de Cristina, que reivindica para sí el puño crispado de Eva Perón, navega como candidato a vicepresidente Cobos, un desterrado boina blanca que no da señales de desesperación y se atormenta con las contradicciones del Indek. Contamos además con el feudalista Alberto Rodríguez Saa, acompañado por Menem y por Pereyra de Olazábal, candidato por la UCD en Capital Federal. Muy cerca tenemos a Lavagna, quien también se autoproclama peronista y lleva como candidato a vice a otro conspicuo radical. No tan alejado está Sobich con Jorge Asís, ambos filojusticialistas y dispuestos a dar batalla contra la adversidad de las encuestas contra viento y marea. Pino Solanas se presenta como candidato de un peronismo izquierdista que extrañamente no obtiene el apoyo de Dante Gullo, Kunkel, Bonasso, Verbitsky y otros Montoneros agiornados, que prefieren a Cristina. El gobernador socialista electo de Santa Fe nos insufla a Giustinniani como candidato a vice de Lilita pero le hace guiños a Kirchner, mientras el piñonfijista Castells se autodefine también socialista y lanza su propia candidatura, acompañado por una adicta al caño de Tinelli, y conste que cuando digo caño no tiene nada que ver con lo que significaba caño en los setenta. Lejos quedaron los lances caballerescos a los que era adicto Don Alfredo Palacios, una suerte de Salvador Dalí de la rosa encarnada, para satisfacer su honor y defender sus ideas. Lopez Murphy, otro radical díscolo, solo como perro malo, no apoya a Francisco de Narváez y Jorge Macri en la Provincia de Buenos Aires y enloquece a Mauricio, que no sabe cómo hacer para liberarse del chaleco de plomo en el océano del desatino. En Chaco, un contador justicialista con cara de bueno pero apellido de grado militar se alza con la elección y vence al radicalismo con el apoyo de un gobernador con un patronímico que no me viene a la cabeza pero me suena a Nikita Kruschev, de origen radical pero enfrentado a Rosas, su jefe, e inusitadamente, aliado a los referentes de López Murphy en esa región. En Córdoba, el Dr. Juez sigue denunciando fraude como una amante despechada que se entregó a la lujuria kirchnerista que le prometió el divorcio, pero al final se quedó con su legítima esposa. La izquierda izquierda, sigue jugando a quién es el más izquierdista de todos y pega carteles llenos de farragosas proclamas que nadie tiene tiempo de leer, en las columnas de alumbrado. Renglón aparte para el ingenieri Blumberg, quien cual clavel del aire se quedó pegado a las ramas del árbol más propicio que en este caso fue Sobich. Sólo la mente de un argentino muy prevenido puede tolerar semejante pandemonium sin terminar con una migraña resistente a cualquier analgésico. Se me podrá acusar de sofista, pero veamos: ¿Era mejor cuando los dogmáticos de diferentes bandos se ponían bombas y se ametrallaban en las calles para defender sus inquebrantables principios? ¿Era mejor cuando se torturaba y se mataba en las cárceles del pueblo del ERP o en los pozos clandestinos de la dictadura? ¿Seríamos mejores argentinos cuando se pintaba sobre los muros ¡Viva el cáncer! celebrando la patología que derrumbó a Evita o cuando ésta anunciaba que el pueblo saldría a la calle y no dejaría en pie un solo ladrillo que no fuera peronista? De este fructífero caos seguramente saldrá la síntesis que aventará todos los fantasmas del pasado, quiero pensar. ¿Vale la pena entonces que los de abajo reeditemos episodios de intransigencia y nos transformemos en corderos de sacrificio cuando la frustración de los políticos nos convoque a la hoguera?. El proceso de desacralización en curso acorta la distancia entre la ciudadanía común, entre los hombres y mujeres anónimos que todavía creemos que podemos torcer nuestro destino. La práctica mitológica de la política es una antigüedad que sólo puede arrastrarnos a la catástrofe final. Seamos autónomos de nuestros propios rencores y aprestémonos a sacrificar nuestros pasados para avistar la luz de una nueva realidad planetaria. Fabriquemos entre todos un cóctel de nuevas terapias para una enfermedad que nos viene ganando desde hace demasiado tiempo. Francis Bacon dijo: “Quien se niega a aplicar remedios nuevos, debe aprestarse a sufrir nuevos males, porque el tiempo es el mayor innovador de todos.” No aceptemos las provocaciones nostálgicas de Cecilia Pando ni de los Kirchner. La sangre derramada ya fue negociada. Sólo los estúpidos pueden tomarse la política partidaria en serio en medio de un país que todavía no ha aprendido a tomarse en serio a sí mismo. Casi, casi, tengo ganas de servirme un vino y brindar frente al altar de la traición.