EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO, PERO AL REVÉS
[ JULIO DOELLO | 18/10/200 ]
Aldo Rico, proclamado héroe de Malvinas por Alfonsín, golpista consecuente al tiempo de alzar a su tropa en Monte Caseros contra la revisión pos-dictadura de la lucha contra la subversión, el que le torció el brazo a Don Ricardo en una Semana Santa que nos mantuvo en vilo, el que ganó la intendencia de San Miguel en legítimas elecciones democráticas, el que flirteó con Menem, negoció con Duhalde y estuvo con Adolfo Rodríguez Saa, el mismo que descerrajó la célebre frase: “la duda es una jactancia de los intelectuales”, dejándonos boquiabiertos, el famoso carapintada que con cinismo recuperó para sí la canción de Diego Torres que dice: “pintarse la cara color esperanza”, no tuvo ninguna hesitación en aparecer en un acto en apoyo de su nueva mujer y de su hija, en la Provincia de Buenos Aires, al lado nada menos que de Carlos Kunkel, ex jefe Montonero, una suerte de Richelieu de Cristina, y de proclamar que sólo “los combatientes” pueden entender y arreglar entre ellos las secuelas de la guerra trágica que asoló a nuestro país.

El síndrome de Estocolmo es una patología psíquica en la cual la víctima de un secuestro desarrolla una empatía con el captor. Debe su nombre a un extraño suceso acaecido en 1973 en ocasión de que un grupo de delincuentes abocados al robo de un banco sueco mantuvieron cautivos a empleados y clientes durante un tiempo y las cámaras pudieron captar el momento en que una de las víctimas besaba a su secuestrador. Más tarde desarrollarían todos ellos una ardorosa defensa de los secuestradores y se negarían a colaborar con la justicia.

Aldo Rico inaugura una nueva patología, digna de un estudio más profundo de los que hasta ahora se han realizado: la identificación del captor con la víctima. Una especie de síndrome de Estocolmo, pero al revés. Lo inexplicable es que ni los grupos vinculados a la defensa de los Derechos Humanos ni las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, legítimos custodios de la memoria de los desaparecidos, quienes acusaron oportunamente al coronel carapintada y golpista de violador del derecho básico a la vida y a la integridad física de miles de militantes masacrados, no hayan terciado con un comunicado en contra de esta amalgama espuria entre Kunkel y Rico, para apoyar la candidatura de Cristina.

Este es un tiempo de componendas sucias para retener el poder a cualquier costo. La ley física que reza que los extremos tienden a encontrarse tiene en este caso una ominosa demostración empírica, y nos deja una enseñanza: los ciudadanos anónimos debemos escapar a la encerrona ideologista que se nos propone y alejarnos de aquellos que sostienen que sólo ellos son los intérpretes genuinos de nuestra historia reciente, porque fueron partícipes de una guerra vergonzosa. La mejor manera de no traicionar la memoria de los muertos es construir una patria próspera e igualitaria de la cual gocen sus descendientes haciendo caso omiso a los que quieren convencernos de que en la solución de un pasado con el cual medran podemos hallar la luz que ilumine el camino de la tan remanida reconciliación nacional. Transformémonos en una generación de traidores a favor del futuro. Traicionemos a favor de la patria y sacudámonos tantas tumbas y tanta historia de violencia. Seamos artífices de la creación de nuevos modos de pensar la República con mayúsculas. Desde donde estén, los espíritus de los que cayeron en la trampa de la confrontación fraticida, si metabolizaron sus respectivos fracasos, estarán haciendo fuerza para que nos liberemos de una vez por todas de la insoportable carga histórica de los Kunkel, de los Rico, de los Videla, de los Etchecolatz, de los Verbitsky, de las Cecilias Pando, de los Néstores, de las Cristinas, y de todo oportunista dispuesto a medrar, a nuestra costa, con el mercadeo ominoso de la sangre derramada.