QUE LAS VALIJAS HUYAN DE TI (Una maldición de género)
[ JULIO DOELLO | 14/12/200 ]
Amira, una odalisca que danzó azarosamente entre los laberintos del poder, es recordada por algunos amores triviales con los cuales matizó su fugaz estrellato político. Entre ellos, el más sólido es el que mantuvo con el coronel sirio Ibrahim al Ibrahím, quien controlaba la Aduana de Ezeiza a pesar de su incapacidad para decir una sola palabra en español. Hoy, merced a uno que otro retoque quirúrgico, se ha transformado en un clon mejorado de sí misma, que hace que los presidentes de mesa entrecierren los ojos cuando se presenta a emitir su voto y miren con desconfianza la foto antigua de su deneí. Pero lo que la vuelve inolvidable es su relación con ciertas valijas Sansonite cargadas de dólares de oscura procedencia que pasaban sin control por esa misma aduana. Si excluimos la memoria de algunos modestos sobres que se les pasaba por debajo de la mesa a María Julia, Adelina de Viola, Claudia Bello y algunas otras chicas sospechadas de pertenecer al poblado harem presidencial de los noventa, no hallamos registro de hechos parecidos hasta el hallazgo en el baño del despacho principal del Ministerio de Economía de un mucho menos elegante bolso que Felisa Miceli se olvidó de retirar en el día más trágico de su vida. Pero ya estábamos en el 2007 y en plena hégira del peronismo de signo inverso, que denostaba las prácticas corruptivas que había instalado el califa de Anillaco. Si no fuera por el “puente de plata” que le tendieron por gratitud las Madres de Plaza de Mayo, nuestra pobre Felisa no sería feliz.

Como si fuera poco, nuestra novedosa Presidenta tropezó, apenas alcanzó a emerger de las puntillas con las cuales se atavió para su coronación, con la remozada sinarquía internacional de los setenta, que le azotó el rostro con las valijas de Antonini Wilson, el famoso gordito con aspecto de fabricante de salchichas, que parece formar parte de una mafia mucho menos decorosa que aquella otra, ítaloamericana, que nos convoca inevitablemente a la nostalgia por una mera cuestión estética. Un fiscal al servicio del imperio, subrepticiamente adscrito a una operación de la CIA, afirmó que los u$s 800.000 que Antonini intentó ingresar a Argentina estaban destinados a financiar la campaña presidencial de Cristina Kirchner. Es indudable que somos víctimas de otro ataque voraz del imperialismo yanquee, el cual además de ocuparse de sus campañas militares en Irak y Afganistán, mantenerse en tensión por el destino incierto de Pakistán, prepararse para un eventual despliegue de prepotencia atómica de Irán, tratar de seducir a un presidente ruso que suele proceder en su política internacional haciéndole honores a su patronímico y desentrañar los nuevos planes de Ben Laden para matar a norteamericanos desprevenidos, en el colmo de su prepotencia hegemónica y muerto de terror por el devastador protagonismo de Chávez, Evo y los gobiernos que les son adictos, también ha puesto a trabajar al FBI para esmerilar el peligro que implica para el mundo occidental y cristiano la presencia decisiva de Cristina Fernández de Kirchner en el gobierno de Argentina. Solamente desmadrados agentes del imperio pueden ser capaces de urdir la calumnia de que nuestra Presidenta recurrió al nuevo Tío Rico de Latinoamérica para financiar, a través de PDVSA, su campaña presidencial. Hubieran bastado los intereses de las regalías petroleras de Santa Cruz, de las cuales poco sabemos, pero que se dice que están en algún banco del exterior, para garantizar el módico triunfo cristinista. Lo que pasa es que si una es linda la acusan de tonta, diría Araceli González.

Tengo una hija mujer muy dada a especulaciones intelectuales, que estudia dos carreras universitarias y da clases de alfabetización en la Isla Maciel, porque abreva en la peregrina idea de que sólo la educación puede hacer que escapemos de la vulgaridad de nuestro destino. Todavía no se ha dado cuenta pero tiene una clara vocación política, porque intuye un tiempo propicio que asevera que las mujeres son menos propensas a la corrupción y a la torpeza institucional que el hombre. No me disgusta para nada. Pero hoy me he sentado en mi sillón de ratán, me he servido una generosa medida de cocacola con fernet y mirándola fijamente a los ojos la he apostrofado: “Hija, si alguna vez decides dedicarte a la política, aleja de ti las valijas y otros enseres que se le parezcan. Suelen ser una maldición para tu género”.