LOS ARGUMENTOS DE NUESTRA IZQUIERDA
[ Marcelo Gioffré | 12/7/2008 ]
Un grupo de pseudointelectuales encabezados por Norberto Galasso y Rubén Dri proponen adherir al acto convocado por Kirchner, para el supermartes, en una carta cuyos argumentos será interesante examinar. Dicen: “Nos pronunciamos por la mejor distribución de la riqueza, uno de los instrumentos para lograr la cual es la implementación de las retenciones móviles”. Es el argumento Robin Hood: le saco a quienes más tienen y se lo doy a quienes menos tienen. El problema es que si el Estado homologa una política de este tipo automáticamente las inversiones huyen de ese lugar hacia otros donde haya seguridad jurídica. Así, al caer la cantidad de capital disponible cae la producción y, por ende, lo que hay para distribuir es menos. Ergo: en lugar de redistribuir riqueza, generan pobreza. Su propuesta es una falacia.

Continúan: “Las corporaciones patronales del campo defienden la renta extraordinaria”. Primero que las retenciones no agreden la renta (diferencia entre el precio y los costos) sino directamente el precio de venta. Segundo que sí, efectivamente, hay que defender la renta, cualquiera sea, porque es una señal que la economía emite y que es útil por varios motivos. Premia el acierto al emprendedor que invirtió a riesgo y lo hizo en la actividad que rendía mejor, de lo contrario se iguala lo desparejo y el que invirtió mal gana lo mismo que el que invirtió bien. Luego, sirve como una señal para que afluyan más capitales hacia ese sector, ni bien advierten que la renta es excepcional, aumentando la oferta de lo que se produce. Al aumentar la oferta, por ejemplo de soja, baja el precio de ese producto y disminuye la rentabilidad, produciendo el efecto de que los capitales ya no vayan hacia allí, si no hacia otros sectores de la economía con más rentabilidad. El capital siempre migra hacia donde la utilidad es mayor y está bien que así sea. Si, en cambio, obturamos los efectos, si distorsionamos las señales, los capitales se equivocan e invierten en sectores ineficientes, o directamente se van a invertir a otros países donde las señales sean nítidas.

Y más adelante sostienen que el rol que debe tener el Estado es aislar “los precios internos de los internacionales”. Dejando de lado que la soja no se consume internamente y por lo tanto nada haya para aislar (lo que de por sí derrumba el argumento), pretenden poner a la Argentina en una burbuja. La cuestión no es hacer una economía de probeta, donde todo esté agarrado con alambre, donde todo esté completamente desenganchado de los mercados mundiales, sino justamente lo contrario. En medio de la globalización imparable, lo razonable es que los precios de los productos sean parecidos en todos lados, porque de ese modo queda claro cuáles son las ventajas competitivas de cada uno. Si los transistores chinos valen baratos y la soja sale cara no es un problema sino una bendición. Vendamos lo más caro posible y compremos lo más barato posible. Y demos de ese modo salarios altos y, por ende, poder de compra a los argentinos. Reaccionemos: tenemos que poder comprar a precios internacionales, no poder comprar porque estamos en una burbuja protegida.

Y van por más, sosteniendo que el campo quiere “la expansión devastadora del monocultivo de soja transgénica”. Aquí hay dos cuestiones. Uno: si es un monocultivo es porque el Estado fue castigando sucesivamente a los otros cultivos: trigo, carne, leche, etc. Pero además no hay inconveniente en que lo sea si es lo mejor que sabemos hacer y lo que el mundo nos paga mejor. Con las divisas que ingresen compraremos lo que necesitamos para vivir, no hay necesidad de ser una suerte de gran kibutz autoabastecido. Dos: la devastación es un mito, no está probado que el cultivo de soja sea perjudicial para el suelo y, si lo es, lo será de acá a quince años, pero no en forma inmediata. En cuanto al sistema de siembra directa o soja transgénica, está probado que la labranza es perjudicial para los suelos, de modo tal que la siembra directa beneficia, ya que al sembrar directamente sobre rastrojos se evita el arado nocivo. Darío Gianfelicci, experto en el tema, lo dijo en nuestro programa de radio, desmintiendo (dicho sea de paso) a Horacio Verbitsky. En cuanto a los agroquímicos, como el glifosato, no es obvio que provoquen enfermedades. Estas afirmaciones temerarias provienen de intereses europeos que han intentado boicotear a la empresa Monsanto. Pero aun suponiendo que no sean saludables, habrá que estudiar cuál es el balance de perjuicios y beneficios para nuestro pueblo, pues si por un lado mejoramos los suelos por la ausencia de labranza y además aumentamos la producción agrícola, con lo cual podemos exportar más y mejorar la salud global, ¿estamos en condiciones de decir que, en el balance global, estaremos peor con este sistema sobre la base de conjeturas audaces?

Y siguen: “Es la conocida política del neoliberalismo para el cual el único Estado legítimo es el Estado mínimo… La desaparición del Estado significaría quedar a merced de las grandes corporaciones, como ya nos sucediera en la nefasta década del 90 con las consecuencias terribles por todos conocidas”. No hay que hablar de desaparición del Estado, Karl Popper, máximo teórico del liberalismo, pide Estado, legitima las leyes y el orden estatal, de modo que estos dirigistas deberían ponerse a leer un poco.

En segundo lugar, en los ’90 (el peronismo de Menem) lo que falló no fue la falta de Estado, sino lo contrario: el control del tipo de cambio por parte del Estado, el direccionamiento de la economía hacia sectores de consumo interno (con vistas a ganar votos de la clase media), el excesivo endeudamiento público y la corrupción estatal.

Tercero: sí, un Estado mínimo, con bajos impuestos y una ley bien simple y generalizada es lo que se necesita para que afluyan los capitales y la economía prospere. Es lo que ocurre en Australia, en Irlanda, en Chile y hasta en algún país africano. Ya habrá tiempo, cuando haya acumulación suficiente de capital, para que el Estado se ocupe de generar políticas de beneficencia.

Y luego añaden: “Lo que sí defendemos es la legitimidad constitucional de este gobierno, sus acciones a favor de los derechos humanos, el juicio a los genocidas”. Primero: la democracia es por origen pero también por ejercicio. En cuanto al origen, el gobierno de Cristina (no el “de facto” de Néstor) es legítimo. Pero en cuanto al ejercicio es bien dudoso, porque ya no goza ni de la mitad de la aprobación popular que tuvo (según todas las encuestas) y porque sus medidas revelan extravío. En cuanto a los derechos humanos, las políticas del kirchnerismo son oportunistas, facciosas y equivocadas: es fácil perseguir a viejos valetudinarios a punto de morirse, a los que ya nadie apoya, y que ya habían sido juzgados por Alfonsín. Reescribir la historia, bajar una estatua y cambiar el prólogo del Nunca Más, ¿eso es gobernar? Además, es equivocado ensalzar a los subversivos que empuñaron las armas en los ’70, como si fueran héroes, por la sencilla razón de que no lo fueron. Y es faccioso usar publicitariamente estos juicios para ocultar que hay niños desnutridos y ancianos durmiendo bajo los aleros de la calle. Hacerlo es indigno.


Más adelante agregan: “Creemos necesario que los sectores populares nos movilicemos, nos organicemos y busquemos todos los caminos de la unidad, en un sentido plural, democrático, horizontal, respetuoso de la diversidad, activo y militante. Debemos librar una dura batalla esclarecedora en el seno del pueblo, respecto de cuáles son los verdaderos objetivos de los cuatro Jinetes del Apocalipsis golpista en marcha en la Argentina, a qué intereses sirven y cuáles son sus objetivos”.

Caramba, los pseudointelectuales populistas llegan demasiado lejos. Curiosa conceptualización según la cual por un lado sólo ellos representan “sectores populares”, mientras que por otro se dicen respetuosos de la diversidad. Curiosa forma de ser diversos y respetar al otro este jugar a abroquelarse en el término “pueblo”, apropiárselo, y producir un abusivo escamoteo a todos los que no piensan como ellos. Claro, para el ex cura Dri, Galasso y sus seguidores vivir en Palermo automáticamente destituye (para usar un vocablo que les encanta) de la posibilidad de ser pueblo. Y no sólo ello, sino que a los que piensan distinto los llaman “golpistas”. No hay golpe posible en Argentina, porque la guerra de Malvinas pulverizó el poder militar.

Sí debería haber posibilidad de protestar contra políticas equivocadas (sin que D’Elía disperse a los manifestantes), si debería haber posibilidad de votar en el Congreso sin que los legisladores sufran presiones, si debería haber posibilidad de acudir al Poder Judicial sin que los jueces no obsecuentes sufran persecución. Pasaron demasiadas cosas en Argentina como para que estos señores nos corran con la vaina del golpismo para obturar y clausurar la protesta de una parte del pueblo. Porque, mal que les pese, la clase media y la clase alta también son pueblo. Y, mal que les pese, el juicio político es una institución que no ha sido derogada de la Constitución y propiciarlo no es golpismo. Y, mal que les pese, cuando se cierran todos los caminos democráticos, no se deja manifestar, no se dejan poner carpas, no se deja actuar libremente al Congreso, no se dialoga, no se permite actuar al Poder Judicial, se aplican impuestos confiscatorios y se amenaza con encarcelar opositores, existe el derecho de resistencia a la opresión.

Y en una apoteosis digna de Fellini, los pseudointelectuales de izquierda finalizan: “La derecha de siempre viene a destruir los muchos logros obtenidos por el pueblo con su gloriosa rebelión de diciembre de 2001. Ellos vienen a reinstalar lo que derrotamos en esas heroicas jornadas. ¡Quiera el pueblo de la Patria impedirlo!” Bueno, caramba, atribuirse los saqueos organizados por caudillos bonaerenses, decir que los intelectuales de izquierda salieron a cacerolear en 2001 en contra del “corralito”, y mimetizarse con Remes Lenicov, Rodríguez Saa, Duhalde y Lavagna es un delirio, pero un delirio que les cae como anillo al dedo. Estos muchachos hacen muy bien en ir a la Plaza del Congreso el próximo martes, su apoyo a Néstor es muy coherente.